Con unos ajustes básicos en tu puesto de trabajo puedes notar la diferencia desde el primer día, sin comprar nada nuevo
Quiero entender por qué
Mucha gente cree que trabajar con ordenadores simplemente cansa los ojos y que no hay nada que hacer. Pero lo cierto es que la mayoría de las molestias visuales no vienen de la pantalla en sí, sino de factores del entorno: la altura del monitor, la dirección de la luz, los reflejos, la distancia a la que te sientas.
Cuando esos factores no están bien ajustados, el ojo tiene que compensar de forma continua. Ese esfuerzo extra se va acumulando a lo largo del día hasta que se convierte en picor, visión borrosa y tensión en la cabeza.
La solución está al alcance de cualquiera. No hace falta comprar equipos especiales ni hacer grandes cambios. Basta con saber qué ajustar y cómo.
Estos datos reflejan lo que viven cada día millones de personas que trabajan frente a un ordenador
Tiempo medio frente a la pantalla de un trabajador de oficina cada día
Menos parpadeamos mirando una pantalla que en el resto de situaciones del día
De los usuarios de ordenador notan molestias visuales con regularidad
Es el tiempo mínimo de pausa visual cada 20 minutos para relajar el enfoque
Entre 50 y 70 centímetros es la distancia ideal. Más cerca, los músculos del ojo trabajan en exceso para enfocar. Más lejos, el cuerpo tiende a inclinarse hacia adelante y el cuello se tensa. El borde superior del monitor tiene que estar a la altura de los ojos o justo por debajo.
La luz natural que entra de frente o por detrás crea reflejos en la pantalla. Esos reflejos obligan a los ojos a hacer un esfuerzo constante para distinguir el contenido. Con la luz entrando por un lado y unas persianas que puedas regular, el problema desaparece.
Una pantalla muy brillante de noche o en una habitación con poca luz exige que el ojo se adapte a un contraste muy alto. Ajusta el brillo para que la pantalla no destaque sobre el fondo. A partir del atardecer, activa también el modo de color cálido si tu sistema operativo lo permite.
Cada hora de trabajo continuo, dedica cinco o diez minutos a alejarte de la pantalla. Y cada veinte minutos, mira un momento a lo lejos. Son pausas muy pequeñas que le dan al ojo tiempo para relajarse antes de que empiece a acumular fatiga.