No es solo una cuestión de los ojos: el impacto se nota en la energía, el sueño y el rendimiento general
Cuando los ojos terminan el día agotados, el cuerpo entero acusa ese cansancio. Se tiene menos ganas de hacer cualquier cosa fuera del trabajo: deporte, quedar con amigos, disfrutar de tiempo libre. Ese círculo se rompe cuando los ojos no llegan al límite cada tarde.
Con un puesto de trabajo bien ajustado, muchas personas descubren que vuelven a tener margen de energía para el resto del día, algo que creían que simplemente era cuestión de edad o de ir cansados.
La luz intensa de las pantallas por las tardes afecta a la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. Cuando se reduce esa exposición ajustando el brillo y activando modos de color cálido, el cuerpo prepara el descanso de forma más natural.
No es necesario dejar de usar el ordenador por las noches. Basta con configurarlo bien para que deje de actuar como un foco de luz azul intensa justo antes de irse a dormir.
El cansancio visual interrumpe la concentración antes de que uno se dé cuenta. La mente busca cualquier excusa para desviar la atención cuando los ojos empiezan a molestar. Al eliminar esa fuente de distracción, la capacidad de concentrarse en bloques largos mejora de forma natural.
Esto tiene un efecto directo en el rendimiento y también en la satisfacción con el trabajo. Terminar una tarea sin interrupciones es mucho menos agotador que tener que volver a empezar varias veces.
Trabajaba desde casa y tenía la pantalla pegada a la ventana. El sol daba directo en la pantalla por las mañanas. Cuando giré el escritorio apenas unos grados, los dolores de cabeza de por la mañana desaparecieron casi del todo. No podía creer que fuera tan simple.
— Marta S., Madrid
Llevaba un año con sensación de arena en los ojos al terminar de trabajar. Bajé el brillo del monitor y puse el modo cálido a partir de las seis de la tarde. En dos semanas ya dormía mejor y el picor había bajado muchísimo.
— Javier T., Zaragoza
Lo que más me sorprendió fue que el dolor de cuello que tenía constante también mejoró. No lo relacionaba con los ojos, pero resultó que como tenía la pantalla alta, siempre miraba hacia arriba y tensaba el cuello sin darme cuenta.
— Ana R., Valencia
Apliqué la regla de mirar a lo lejos cada veinte minutos y pensé que era una tontería. Al cabo de tres días me di cuenta de que llegaba a las tardes sin ese cansancio tan pesado en los ojos. Ahora lo hago automáticamente sin ni pensar.
— Pablo M., Bilbao
Sí. Ya sea diseño, escritura, programación, hojas de cálculo o atención al cliente por ordenador, los principios básicos de posición del monitor, iluminación y hábitos de pausa se aplican igual. El tipo de trabajo no cambia las necesidades visuales.
Los ajustes iniciales se hacen una sola vez y llevan unos veinte minutos en total. Una vez configurado el espacio, solo hay que mantener el hábito de las pausas breves, que en realidad consisten simplemente en apartar la vista un momento. No requiere ningún esfuerzo extra.
No. Si tienes problemas de visión o llevas tiempo sin revisarte la graduación, consultar a un profesional sigue siendo importante. Los ajustes del entorno de trabajo complementan, pero no reemplazan, la atención médica cuando es necesaria.